
Asumir las cosas, esa acción tan difícil.
Asumir que algo ya no existe de la misma manera que lo conocías, ha mutado, evolucionado y, por siempre, quedaremos solos con nuestros pensamientos.
Yo he escogido esto, tal vez mañana cambie de opinión y, a veces se puede rectificar o no. Dejadme en paz porque nunca sabreis qué es realmente lo que me pone nerviosa, qué me gusta realmente, qué no quiero, qué quiero... Soy capaz de hacerte sentir en el cielo o al borde del precipicio dispuesto a saltar... Mi cerebro no es de fiar. Y yo nunca me he fiado de él. ¿Qué es real y qué es ficticio? Que imagino, que no. Y estoy harta de jugar a que lo sé, de jugar con unos y con otros. De tomar siempre la iniciativa, de enamorarme y desenamorarme sola, de que no me traten bien, de dar tanto que me dejen por no poder dar suficiente, de que me hagan llorar cuando saben perfectamente cómo hacerme reir. Estoy harta de joderle la vida a unos y a otros y de tener que sentirme culpable... Así que, de ahora en adelante, mojar las sábanas de sudor, por supuesto, para todo lo demás paciencia, mucha paciencia y... odio.